La
Taranta: el mito de la picadura en el Salento
La picadura de la tarántula causa, según las credencia
popular, un estado extremo de malestar del cual es posible reanimarse,
temporáneamente, gracias a una práctica terapéutica que se basa en la música y
la danza.
Un animal muy dañoso, un araña, escribe en 1513 el médico humanista Antonio De Ferrariis, en la más famosa de sus epístolas, De situ Japygiae, cuyo veneno es expulsado con el son de flautas y tambores. “No lo creería”, dice, “si no hubiese tenido muchas pruebas”. La picadura de esta ara araña, la tarántula, causa, según la credencia popular, un estado extremo de postración y malestar en el desgraciado; las mujeres son mayormente afectadas. Una vez entendida la naturaleza, es convocada una pequeña orquesta (una pandereta, un violín, una guitarra), que toca una serie de motivos musicales, una verdadera exploración, para comprender cual instrumento de estos despierta el tarantato: a veces el ritmo es loco como lo de la pízzica, y así la persona afectada por la picadura se anima y danza por largo tiempo, en manera deslavazada, a veces por muchas horas y muchos días, excluídas las cortas pausas de la mañana de amodorramiento y las noches; pero el ritmo puede ser también más lento y el motivo lamentoso. Continúa...

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