Bailar:
las implicaciones psicosociales
La danza ha siempre sido una componente esencial de la
vida humana. En todas las épocas y latitudes geográficas ha acompañado a los momentos
de mayor importancia de la vida personal y social de los individuos: los
nacimientos, las muertes, los matrimonios, la cosecha, el cambio de las
estaciones. Ha sido el vehículo de diferentes estados de ánimo, como la
exaltación por la victoria de guerra o el enamoramiento. En las ceremonias
fúnebres ha acompañado el dolor y el luto, en las religiosas el contacto con el
divino.
Sin embargo, lo que distingue la danza en el hombre son
sus profundos significados psicológicos, significados que tienen universalidad
y atemporalidad en sus finalidades y formas expresivas, pero,
contemporáneamente, sufren las influencias de las épocas históricas y de las
particulares culturas en las que se formaron.

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